miércoles, 25 de febrero de 2015

EL PSOE DE MADRID PUEDE SALIR DEL ABISMO

En esta hora partidaria es necesario no cometer más errores. Equivocaciones diversas nos han traído hasta aquí y tenemos por delante la elección del candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por nuestro partido.

Me permito opinar porque están dándose las condiciones para que se genere una tormenta perfecta caracterizada entre otras cosas, porque cuando finaliza,  el territorio correspondiente emerge arrasado, y nuestra organización viene sufriendo demasiado, con una frecuencia progresivamente intensa, piruetas y ocurrencias que no deberían tener cabida en un partido socialdemócrata, si se tiene conciencia clara de lo que significa la socialdemocracia.

He defendido desde hace muchos años el perfeccionamiento de la democracia interna y desde diversas tribunas he propuesto primarias como la fórmula menos mala para elegir candidatos y dirigentes, salvedad hecha de los procesos en que el “voto sindicado” ha escamoteado la legitimidad del mecanismo de elección, y de esto también sabemos algo en el PSM.

Me reconforta ver como notables partidarios de la democracia delegada como forma de funcionamiento interno de nuestro partido, hoy son magníficos adalides de las diversas formas de primarias.

En el proceso de primarias para elegir candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid en 2011 apoyé explícitamente a Tomás Gómez.

Hoy estamos inmersos en una situación crítica en que los contendientes expresan su posición a través del mecanismo de elección que proponen algunos candidatos y se observan movimientos que hacen temer lo peor.

No debemos equivocarnos. Las responsabilidades políticas de Tomás Gómez deben ser evaluadas en los órganos correspondientes y a su debido tiempo, de la misma manera que la gestión política y las responsabilidades de Pedro Sánchez habrán de analizarse en el ámbito partidario adecuado; pero por favor no enmarañen más la situación porque surgirá el equívoco y la confusión.

No es el momento de las responsabilidades políticas. Las elecciones autonómicas y municipales tendrán lugar dentro de 96 días. Me resulta verdaderamente complicado pensar que estemos dispuestos a dejar pasar treinta días en un proceso electoral interno, con la lógicas resacas que en estas latitudes son intensas en los albores de la campaña electoral.

Creo que puede obviarse un proceso de primarias y que sean nuestras agrupaciones, votando en secreto las distintas opciones si así lo reclamaran los militantes, quienes ofrezcan unos resultados a la Gestora que les permita decidir.

Siento el máximo respeto por nuestros militantes y de manera especial cuando son capaces de ofrecer su candidatura al conjunto del partido.
En este momento desde nuestra candidatura ha de hacerse un discurso que sea considerado con seriedad por la opinión pública para recuperar la credibilidad. Hemos de hacerlo con fundamento, utilizando las palabras justas, en el lugar preciso con plena conciencia de sus consecuencias.

Mi preocupación en medio de esta tormenta se alivió al comprobar la posibilidad de la candidatura de Ángel Gabilondo.

Inmediatamente recordé el intento que hicimos algunos hace 12 años para proponer a Javier Solana como candidato al Ayuntamiento de Madrid. Quien tenía que decir la última palabra no le agradó la idea. Lo peor es que nunca ha explicado políticamente su decisión. Si se hubiera producido dicha nominación, tal vez, hoy no estaríamos en esta situación.

Ángel Gabilondo es un excelente Catedrático de Metafísica de quien tuve noticia explicando yo Reumatología en la misma Universidad. Nadie podrá aprehenderle, porque aportará valores a la política autonómica que ha cultivado previamente.

Le conocí en su época de Rector de la Autónoma y su discurso transmitía desde la palabra justa, la credibilidad necesaria. No se debe desaprovechar su disponibilidad para liderar nuestra candidatura.

Su relevancia académica indiscutible se vio sometida al trabajo político en el Ministerio de Educación y de allí salió con su figura agigantada. No consiguió sacar adelante el Pacto de Estado en materia educativa; pero la ciudadanía percibió con respeto y no poco agrado su esfuerzo, sólo truncado por las “necesidades políticas” de la entonces “leal” oposición.

Las personalidades relevantes como Ángel son capaces de comprometerse en momentos difíciles más allá de ubicarse en medio de un proscenio que desde el patio de butacas puede aconsejar a desvincularse.

En este tiempo, cuando se habla de “política nueva” es pertinente recordar lo que decía Ortega: “Nueva política es nueva declaración y voluntad de pensamiento que más o menos claros se encuentran ya viviendo en las conciencias de nuestros ciudadanos”, por ahí pienso yo irá la nueva política que puede encarnar Gabilondo.

Muchas gracias compañero Zerolo y compañera Valcarcel por vuestro coraje y disponibilidad.

Por las razones señaladas implícita y explícitamente cuenta Ángel Gabilondo con mi voto político para ser nominado candidato a la Presidencia de la CAM y en todo caso con mi respeto y amistad.


Pedro Sabando Suárez
Ex Presidente PSM

Médico Emérito del Servicio Regional de Salud

viernes, 7 de noviembre de 2014

EVOLUCIÓN DE LOS SISTEMAS SANITARIOS

El desarrollo de los sistemas sanitarios públicos modernos que hoy conocemos en los países desarrollados se produce tras la Segunda Guerra Mundial y especialmente durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo; acompañando a la recuperación económica de la posguerra y al desarrollo de las políticas económicas keynesianas características de esa época.

En la década de los ochenta y tras la resaca de la primera gran crisis económica de la postguerra, es cuando comienzan a generalizarse las señales de alerta.

La necesidad de hacer compatibles la autonomía profesional y la lógica económica es una exigencia racional. Pero, el reconocimiento general del problema no lleva, por sí solo, a consenso en cuanto a su solución.

martes, 14 de octubre de 2014

ÉTICA Y SALUD

El concepto de Ética Médica se entiende como los principios éticos que gobiernan la conducta profesional en el ejercicio de la medicina, tanto en lo que se refiere a las obligaciones de los médicos con los pacientes, como a las de aquéllos con otros profesionales.

Desde los principios éticos han de contemplarse las políticas de salud, los servicios de salud y la práctica médica.

Desde el respeto a los valores éticos, en todos los ámbitos, entiendo que, el Sistema Sanitario Público puede demostrar capacidad para dar respuesta a las demandas crecientes y satisfacer las expectativas tanto de los pacientes a nivel individual como del conjunto del sistema social.

martes, 10 de junio de 2014

PROFESIÓN MÉDICA Y SOCIEDAD

Los procesos adaptativos en las profesiones modernas son mucho más eficaces y ágiles que en las que -como la Medicina y el Derecho, por ejemplo- han alcanzado un elevado grado de institucionalización. La Medicina moderna debe adaptarse a las nuevas realidades sociales, demográficas, económicas, tecnológicas y políticas, sin que quepa interpretar éstas como el simple resultado de la acción reguladora arbitraria del poder sanitario (ya sea éste el Estado y/o los grupos empresariales del sector).

Este proceso adaptativo es difícil y conflictivo, porque choca de lleno con los valores tradicionales más importantes de la profesión: autonomía, relación benéfica, e incondicional con el paciente, desarrollo científico y tecnológico sólo condicionado por el estado de la Ciencia en cada momento, autonomía plena y con acceso ilimitado a los recursos disponibles y un elevado estatus profesional y personal -nivel de renta, prestigio, poder fáctico, etc., como miembros de la comunidad.

El tercer vértice del triángulo, junto con la Profesión Médica y el poder sanitario, son los ciudadanos, en su rol de pacientes. Los nuevos cuadros de valores firmemente instalados son más pragmáticos, utilitarios, e individualistas. Han caído grandes mitos y, entre ellos, el mito del Profesional como autoridad experta en un área de conocimientos expresamente reservada a su ámbito de actuación.

 El ciudadano desempeña un rol político más relevante que hace unas décadas y un rol social, mucho más activo. De  la beneficencia a los derechos, también en el acceso y uso de los servicios sanitarios. Ello lleva implícito un escrutinio mucho más severo de los servicios profesionales recibidos y, aunque la Medicina sigue poseyendo un halo de respetabilidad social muy alto, el reforzamiento del rol de ciudadano más informado y exigente se deja sentir claramente entre los médicos.

Si a ello le añadimos que las exigencias son sensiblemente superiores, sobre todo, en cuanto a confort, trato personal, accesibilidad e inmediatez, etc., podremos concluir que emerge y parece asentarse sólidamente un nuevo marco de relaciones entre el ciudadano, los servicios sanitarios y los profesionales de la salud.

El fuerte desarrollo del sistema sanitario no se ha realizado exclusivamente en base a la Medicina; sino que también se ha consolidado la enfermería y han ido emergiendo (técnicos, salubristas, pedagogos, dietistas, químicos, físicos, biólogos, informáticos, etc.) nuevas profesiones cualificadas que han pasado a desempeñar un papel esencial en las modernas organizaciones sanitarias. Las fronteras que separan a las diferentes profesiones se han ido difuminando y los puntos de fricción y colisión entre ellas han ido aumentando.

Por último, el fuerte desarrollo de la concepción empresarial de las organizaciones sanitarias -privadas, pero también públicas- ha introducido nuevas culturas y lenguajes en el mundo profesional y, sobre todo, ha supuesto la necesaria complementariedad de las decisiones médica y gerencial. La inclusión de estas culturas y lenguajes (eficiencia, costes, recursos, rentabilidad, evaluación externa, estrategia empresarial, cartera de servicios, efectividad, calidad, satisfacción de clientes...) es sumamente difícil y produce resistencias lógicas.

Todo lo anterior conforma un panorama difícil para la Profesión Médica, en todos los sistemas y países; cual es la necesaria adaptación a una realidad inevitable que se ve dificultada por el desarrollo de un creciente malestar, de la percepción de amenaza a valores y estatus, de resistencias a los cambios y de una cierta -y creciente- fragmentación interna en la profesión.

Ello da lugar a una cierta culpabilización recíproca, con la Institución Médica desarrollando sentimientos de amenaza a sus valores que atribuyen al poder sanitario, y éste desarrollando a su vez una preocupación cada vez más alta acerca de las consecuencias de la toma de decisiones sobre el gasto, la eficiencia, rentabilidad y efectividad de los servicios de salud.

La situación descrita es complicada de resolver, pero, sin duda, la mutua culpabilización sólo produce anticuerpos en ambas instituciones y paraliza la posibilidad de entendimiento; es por tanto necesario, para la salud del sistema un gran entendimiento, derivado de la comprensión de la realidad.

Las relaciones entre Medicina y Sociedad nunca han estado libres de tensiones; pero, exige una creciente mentalización de la Profesión Médica con respecto a un nuevo tipo de organización profesional al servicio de la sociedad y que, precisamente en ello, encuentre potenciado su rol social como Institución perdurable y necesaria.



lunes, 19 de mayo de 2014

LA MEDICINA, COMO INSTITUCIÓN SOCIAL

La Medicina, como Institución, se debate dentro de esta gran paradoja, en la que el centro de gravedad parece situarse del lado de las visiones tecnológicas, contrapuestas a las concepciones sociales. Ello no deja de ser congruente con las lógicas dominantes en las sociedades capitalistas avanzadas y con el despliegue de las capacidades mercantiles del complejo médico- industrial, así como con los valores inmediatos, consumistas y hedonistas característicos de esta sociedad que vivimos.

Todo esto tiene varias consecuencias:

La gran capacidad de la Medicina para solucionar problemas individuales, medicaliza importantes esferas de la vida social, como por ejemplo, las toxicomanías y el alcoholismo, los problemas de la ancianidad, la planificación familiar o un amplio campo de los comportamientos sociales, que son definidos en términos patológicos (depresiones, stress, conflictos familiares, fracaso escolar, problemas sexuales, etc...). No se trata de que estos ámbitos sean ámbito exclusivo de la Medicina, pero sí que, en su definición y tratamiento, la Medicina desempeña un rol fundamental.

La imposibilidad de que la Medicina dé respuesta adecuada a todos estos problemas (cuya génesis es social, demográfica, cultural, económica…, pero no orgánica) hace que su enorme capacidad y eficacia en el ámbito individual sea mucho más limitada.

Aún, más: conjuntamente con lo anterior, las enormes expectativas sociales que la Medicina despierta entre los ciudadanos,
acerca de su capacidad tecnológica y científica para dar solución - actualmente o a muy corto plazo- a las grandes o pequeñas patologías de nuestra civilización (desde el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, el síndrome de Alzheimer, el SIDA o las alergias, hasta toda la amplia gama de trasplantes que prometen sustituir cualquier órgano deteriorado y colocar uno perfectamente funcional, pasando por los desórdenes de la menopausia o el crecimiento, las disfunciones del sistema inmunológico, las malformaciones fetales o el propio envejecimiento) ha ayudado al actual sobredimensionamiento de la Institución Médica, su omnipresencia social y, desde luego, al enorme crecimiento del gasto sanitario, que en estos momentos consume entre el 6% y el 15 % de la riqueza nacional en los países desarrollados.

Los grandes centros hospitalarios han sustituido, en la imagen pública, al médico de familia, como símbolo de la Medicina moderna; al tiempo, la tendencia creciente a la organización de los médicos de asistencia primaria en grupos -bien, bajo la dependencia pública, como en los centros de salud españoles, bien como agrupación profesional privada, lo que se da con cada vez mayor frecuencia incluso en sistemas tan dispares como el de los Estados Unidos de América y el del Reino Unido- parece ir minando la relación humana entre el médico y sus pacientes, cada vez más impersonal y, por ello, menos satisfactoria para ambos.

Los médicos de asistencia primaria oscilan entre dos polos: el de la funcionarización o asalarización, ninguno de los cuales es congruente con su sistema de valores, todo ello en un clima financiero restrictivo que tiende a controlar cada vez más intensivamente sus prácticas profesionales y su toma de decisiones.

 La imagen del profesional liberal autónomo va desapareciendo, al tiempo que la del médico de familia: bien, por la vía del salario, bien por la de la capitación, bien por la del contrato de tarifas pactadas, el médico de hoy es mayoritariamente un asalariado, en la concepción más amplia posible del término; se encuadra en organizaciones, comparte recursos y decisiones, es evaluado desde diferentes ópticas y trabaja en equipo con un horario.

Sin embargo, los médicos hospitalarios -teóricos beneficiarios del nuevo paradigma asistencial- tampoco permanecen ajenos a este clima de frustración; el hecho de que entre el 60% y el 70% del gasto sanitario se produzca en los hospitales y de que el fuerte desarrollo tecnológico y científico genere nuevas expectativas y demandas entre los ciudadanos, hace que las actividades profesionales sean objeto de control, evaluación y delimitación.


 La autonomía profesional se erosiona y el papel de los gerentes se ve potenciado por la necesidad de obtener cuentas de resultados financieras que permitan el mantenimiento de los servicios. Una vez más, el fenómeno es independiente del carácter público o privado de los sistemas. Sorprendería comprobar cómo el sistema que mayor desarrollo conoce de las fórmulas controladoras, evaluadoras e, incluso, coactivas (presupuestos clínicos, segunda opinión obligatoria antes de la cirugía, evaluación de procedimientos, listas negras con los mayores consumidores de recursos, compartición de riesgos económicos, re-certificación periódica obligatoria, control administrativo de las órdenes asistenciales, etc...) es, precisamente, el privado norteamericano.

jueves, 8 de mayo de 2014

MEDICINA, SOCIEDAD Y SALUD

Después de evaluar las relaciones entre la medicina  y la sociedad, la profesión médica y la sociedad, así como reparar en la medicina como institución social, entiendo y propongo que la relación entre la medicina y la sociedad debe establecerse sobre bases de cooperación mutua, teniendo siempre en cuenta que, en tanto que Institución Social, la medicina debe tener vocación de servir a la sociedad.

Se hace también necesario redimensionar la medicina tanto en su ámbito de actuación, como en sus limitaciones y posibilidades.

En su ámbito de actuación, evitando medicalizar la vida social y sin esperar que la medicina aporte soluciones a problemas cuya etiología no sea biológica sino social.

En cuanto a sus limitaciones y posibilidades, evitando depositar en la medicina capacidades que “chocan” con el estado de la ciencia en cada momento.

Desde el punto de vista de las interconexiones entre la profesión médica y la sociedad, parece asentarse un nuevo marco de relaciones entre el ciudadano, los servicios sanitarios y los profesionales de la salud.

Este artículo se desarrolla en tres capítulos: Medicina y Sociedad, la Medicina como Institución Social y Profesión médica y sociedad, que desarrollaré en tres semanas. 

martes, 8 de abril de 2014

EL SISTEMA NACIONAL DE SALUD (III)

El Sistema Sanitario Público ha de estar a la altura de los tiempos, para acabar con el mito de que “lo público es ineficiente”. No puede el sistema conformarse con lo simplemente aceptable y ha de aspirar a lo mejor; pero será necesario para ello hablar con claridad a los ciudadanos sobre los problemas comunes, que permitirá abordar las modificaciones necesarias para ofrecer soluciones y en definitiva liderar decididamente por los propios empleados públicos y su representación sindical y profesional un escenario social transformador.